Música urbana dominicana: la evolución de un género controversial y marginado

Esta historia es parte del especial “La música y el ocio en la era covid” de Diario Libre, realizado por Severo Rivera, Daniela Pujols, Jeury Frías y Mariela Mejía. Puedes leer las demás historias en los siguientes enlaces: La caída estrepitosa del entretenimiento por la pandemia • Grandes escenarios reducidos a la pantalla por un virus • Las surrealistas maneras de volver a un concierto en la pandemia • La música en streaming versus el retorno de los discos de vinilo

En la actualidad está más enfocada a lo comercial, pero en sus inicios la denominada música urbana, un concepto que, aunque no es del todo correcto, porque engloba una serie de expresiones musicales que muchas veces no guardan relación entre ellas, surgió como una expresión social de los jóvenes considerados rebeldes para expresarse.

Urbanoes un término utilizado en los Estados Unidos para referirse en general a la música negra y latinoamericana popular. Se incluyen bajo este término géneros como el hip hop, elcontemporáneo y el R&B.

La expresión fue ocupada en los años 80 para denominar a la música afroamericana -principalmente el soul-, que empleaba una producción más digital que orgánica y que se acercaba más a un gusto crossover (es decir, apto tanto para audiencias de color como de raza blanca), ​comenzando en Nueva York y poco después en Londres.

Más tarde, en los años 90, fue creciendo la influencia del hip hop en esta corriente, lo que dio lugar al subgénero conocido como hip hop soul.

Así es como llega a América Latina, impulsada por la necesidad de expresión de los jóvenes de la década que se sentían discriminados socialmente.

Partiendo de estos orígenes se puede entender que los considerados raperos o intérpretes dominicanos del hip hop vean con apatía que se les denomine artistas urbanos, y más con el surgimiento de las tecnologías que ha hecho que se magnifiquen los exponentes, creando música a granel, sin el más mínimo criterio.

Manuel Varet Marte, conocido como Vakeró, dice a Diario Libre que se comenzó a llamar urbanos a todos los que hacían música bailable no tropicales, para no reconocer un movimiento que en su momento no se entendía.

“Decidieron llamarnos a todos así para no reconocer a un grupo de exponentes que estábamos haciendo algo diferente; no nos la quisieron dar y nos mezclaron con un grupo que no deberían llamarse ni siquiera artistas”, señala el considerado cantante de los raperos.

Charlie Valens, uno de los pioneros de este género, quien ha impulsado este tipo de contenido a través de la radio y la televisión, recuerda que la música urbana en la República Dominicana tuvo su origen en los finales de los años 80 y principios de los 90 con un grupo de jóvenes dispuestos a exponer sus inquietudes sociales con sus líricas.

De forma similar habla el productor Dariel Minaya, director de programación de la emisora Power 103.7 F.M., dedicada exclusivamente a este género.

“El tema de los orígenes de la música urbana en República Dominicana podemos dividirlo en dos etapas: una en la que se hacía más artesanal y se hacía mucho más por pasión, donde improvisaban estudios y con cualquier pista hacían una canción, eso fue en los 90; luego da un cambio en el año 2004 con Joa, que sacó una canción que se llama Joa Súper MC. Esta tuvo un boom por su temática jocosa. Fue la primera canción que se comercializó a nivel general en la radio”, recuerda.

“La segunda etapa -prosigue- viene con Lápiz Conciente, el gran pilar del género urbano dominicano, primero en destacar a nivel internacional con una gran firma. Eso fue como en el 2006. Pero antes de él tenemos que hablar de Don Miguelo, en el año 2005, con un reguetón que retumbó y le hizo merecedor del premio Casandra como revelación del año”. También surgió Vakeró en esa etapa.

Reseña que el gran despertar del género urbano se dio cuando Lápiz se une a Nico Clínico, donde lograron un sonido internacional parecido al norteamericano “y ahí la gente le empezó a dar carácter a este tipo de música”.

Fue a partir de ese momento “que los muchachos empezaron a cobrar por sus presentaciones y tener ingresos sólidos para invertir en sus carreras”.

Sin embargo, esos inicios revolucionarios, donde las frontales “tiraderas” y la demostración de composiciones con buenos ritmos eran características de las canciones, han sido poco a poco desplazados por un estilo mucho más explícito sexualmente hablando, donde lo que sobresale es lo bailable, aunque no tenga sentido, o se promuevan antivalores en procura de lograr el éxito inmediato.

Las vivencias de los muchachos del barrio son transformadas en canciones. En los últimos años se ha visto el surgimiento de fenómenos que vienen de la pobreza y han sabido salir adelante con base en su música, aunque sus contenidos promuevan un tipo de comportamiento contrario a lo considerado positivo.

Para el locutor y productor radial Luinny Corporan, uno de los más conocedores del géenro urbano de la actualidad “la música urbana es la herramienta que ha ayudado a muchos jóvenes a poder expresarse y poder salir adelante cuando muchas puertas le fueron cerradas”.

Esa afirmación la hace Valens tomando como referencia la exposición que les da el internet a jóvenes que, si no fuera de ese modo, no trascenderían a nivel musical por lo complicado que es tener una carrera en un país como la República Dominicana.

Estas “expresiones barriales” han llamado el interés de estudiosos de la conducta humana y la sociedad que no consideran del todo verídico que estas manifestaciones lascivas, cosificadoras de la mujer; promotoras del libertinaje, el sexo y la drogadicción (no en todos los casos), sean lo único que se viva en los sectores marginados de la República Dominicana.

¿Realmente incide el contenido explícito en el comportamiento de sus seguidores?

A juicio del sociólogoCésar Cuello,las expresiones que algunos de estos cantantes usan en sus canciones y el comportamiento que exponen en sus redes sociales incide en el accionar de sus seguidores de forma directa.

“Por supuesto que incide. Todo lo que tiene que ver con expresiones populares dominantes que se hacen masivas, modela el comportamiento. Además, esas canciones vienen acompañadas, no solo de letras, sino de personas que se glorifican y se convierten en referentes populares, y más con el dominio de las redes sociales y de los medios de comunicación masiva”, señala el también profesor universitario y filósofo.

La locutora Katiuska Peguero, quien produce y conduce el programa radial Flow Kathira por la emisora Power 103.7, coincide con el intelectual asegurando que “este tipo de contenido lacera” a los jóvenes y “debe regularse, porque no es cierto que en los barrios solo haya este tipo de ejemplos”.

“Hay muchos jóvenes valiosos, con historias de superación, que pudieran ser inspiraciones para los exponentes del género”, observa.

¿Cómo controlar que este tipo de contenido llegue a oídos sin capacidad de discernir?

“Es muy difícil controlar este tipo de comportamientos y más con gran penetración de las redes sociales y los medios alternativos de comunicación; evitar que los niños y adolescentes puedan acceder es sumamente difícil, por no decir imposible, habría que prohibirla y eso no es factible; lo que los padres pueden hacer para apaciguar esto es tener más comunicación con los hijos”, señala el sociólogo Cuello.

Él reconoce, además, que en la mayoría de los casos son los mismos padres quienes influyen en que sus hijos escuchen este género “porque los mismos adultos también celebran ese tipo de música”. “Entonces, los de menos edad lo ven como normal, y no hacen distinción entre un contenido soez, con expresiones que maltraten a la mujer, y que promuevan el sexo a destiempo. Además, muchos de los padres se mueven en este tipo de acciones”, agrega.

Asegura que esto es más complejo de lo que se cree y “tiene que ver con la educación, con condiciones socioeconómicas y niveles culturales”. “Obviamente no englobamos a todos los artistas urbanos como promotores de este tipo de contenido, sino que hacemos el análisis con base en los que sí lo hacen”, recalca el profesional.

Tanto Valens como Minaya entienden que el público también debe aprender a diferenciar entre una propuesta acabada, cuidada, que busque hacer bailar, de otra que solo quiera pegarse, aunque para ello utilice expresiones impublicables.