Primer portaaviones de China: la extraordinaria historia de cómo Pekín consiguió tener el Liaoning

El conocido estrecho de Estambul es una de las vías marítimas más importantes del mundo al servir de conexión entre Europa y Asia. Por su interior transitan cada día 130 embarcaciones en promedio. Unas 48.000 al año.

También es una ruta difícil de navegar, con una forma de S que obliga a dar giros marcados y con algunos recovecos en los que apenas hay unos 700 metros de separación entre las dos orillas, lo que incrementa las probabilidades de un accidente.

Por ese motivo las autoridades turcas tardaron más de 15 meses en autorizar el tránsito del Varyag, un portaaviones soviético que estaba a medio construir cuando terminó la Guerra Fría y que Ucrania vendió en 1998 a Xu Zengping, un empresario chino que prometía convertirlo en el casino flotante más grande del mundo, dotado con restaurantes y hoteles.

Tres años más tarde, a comienzos de noviembre de 2001, fue noticia alrededor del mundo cuando Turquía cerró el Bósforo para permitir el paso de esa enorme mole de hierro.

La operación requirió de un gran despliegue de seguridad, con 15 barcos médicos auxiliares y un helicóptero militar supervisando todo desde el aire, ante la mirada atónita de montones de curiosos que observaban desde las orillas.

Lo que nadie sabía entonces era que esa nave, la más grande que hubiera cruzado nunca por allí, iba rumbo a convertirse en el Liaoning, el primer portaaviones de la Armada china.

Pero de eso hablaremos luego, pues esa transformación se concretaría una década más tarde.

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