“Prisiones flotantes”: los barcos de EE.UU. en los que cientos de latinoamericanos permanecen detenidos en altamar por traficar drogas

El pescador ecuatoriano se encontraba en una embarcación junto a un compatriota suyo y dos guatemaltecos cuando la Guardia Costera de Estados Unidos (USCG por su sigla en inglés) los interceptó en aguas internacionales.

El hombre de alrededor de 30 años había zarpado de las costas de Manta, en el oeste de Ecuador, con una encomienda peligrosa: más de 300 kilos de cocaína colombiana que tenían como destino final EE.UU.

Le habían prometido US$10.000 si tenía éxito, algo que le habría ayudado mucho a mejorar su vida y la de su familia, acostumbrada a vivir con los pocos dólares que paga el oficio de pescador.

Su misión consistía en llevar la carga hasta costas centroamericanos y entregarla a otra embarcación que se encargaría del resto.

Las autoridades estadounidenses, que se atribuyen la potestad de actuar en aguas internacionales, convirtieron aquel viaje impulsado por la necesidad de José Carlos en un periplo de meses en una especie de “prisión flotante”, un juicio en Estados Unidos y una condena a 10 años de reclusión.

El viaje
“Vuelta” es como llaman en las costas de Ecuador y Colombia a surcar aguas internacionales con una carga de droga destinada a llegar a Estados Unidos.

Por lo general, los que se lanzan en ese riesgoso viaje desde costas sudamericanas avanzan por el Pacífico y tienen la misión de entregar la carga a otra embarcaciones provenientes de Guatemala, Honduras o México.

En la ciudad-puerto de Manta, desde hace años se escuchan historias de personas que lograron hasta US$20.000 por haber realizado una “vuelta” exitosa, pero también son cada vez más los relatos de aquellos que no tuvieron tanta suerte y fueron capturados por una embarcación de la USCG.

David, otro pescador ecuatoriano, fue uno de ellos. Hace tres años “simplemente desapareció”, según cuenta a BBC Mundo su esposa Katherine.

“Yo no sabía nada. Un día salió como siempre, pero sus viajes para pescar duraban dos, tres o máximo 15 días”, cuenta la madre de los dos hijos de David.

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Pasaron casi tres meses hasta que la mujer se enteró de que su marido estaba detenido y sería enjuiciado en Estados Unidos.

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