Qué podemos aprender de cómo Japón utiliza a los robots

Tiene una cara serena y una apariencia neutral, ni vieja ni joven, ni masculina ni femenina.

Más allá de la realista piel que cubre su cabeza y la parte superior del torso, parece inacabado e industrial.

Se pueden ver los tubos y su maquinaria.

Pero Mindar es filosóficamente bastante sofisticado, y habla de un complicado texto budista llamado Sutra del corazón (Heart Sutra).

Si tuviera que averiguar en qué país podría encontrar a este sacerdote robótico, es posible que solo necesite una oportunidad para concluir que está en Japón, en el hermoso templo Kodai-ji de la ciudad de Kioto.

Japón es conocida como una nación avanzada en robótica,en la que se fabrican humanoides con más entusiasmo que ningún otro país.

Aunque esta reputación a menudo se exagera en el extranjero (los hogares y las empresas japonesas no están densamente poblados por androides) hay algo de eso.

Algunos observadores de la sociedad japonesa dicen que la religión propia del país, el sintoísmo, explica su afición por los robots.

El sintoísmo es una forma de animismo que atribuye espíritus, o kami, no solo a los humanos sino también a los animales, a accidentes naturales como las montañas e incluso objetos cotidianos como los lápices.

“Todas las cosas tienen un poco de alma”, en palabras de Bungen Oi, el sacerdote principal de un templo budista que recientemente celebró funerales para perros robóticos.

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De acuerdo con esta visión, no existe una distinción categórica entre humanos, animales y objetos, por lo que no es tan extraño que un robot demuestre comportamientos similares a los humanos, porque tiene un tipo particular de kami.

“Para los japoneses, siempre hay una deidad dentro de un objeto”, dice Kohei Ogawa, diseñador principal de Mindar.